Arritmia cardiaca y crisis epilépticas: Una relación compleja

Recientemente se ha publicado una revisión de la relación entre la epilepsia y las arritmias cardiacas (Zaccara y Lattanzi, Epilepsy and Behavior, 2019). La epilepsia mal controlada durante mucho tiempo puede asociarse a alteraciones del ritmo cardiaco. La mayoría de las crisis que se inician en el lóbulo temporal, por ejemplo, se acompañan de cambios en la frecuencia cardiaca, siendo la más frecuente la taquicardia. Son menos frecuente la bradicardia, el bloqueo auriculo ventricular o la asistolia ictal, definida como la ausencia de latido cardiaco durante más de 4 segundos una vez iniciada la crisis. Algunos pacientes con asistolia ictal necesitan que se les coloque un marcapasos.

Las crisis se pueden asociar también a alteraciones serias de la repolarización del corazón, como alargamiento o acortamiento transitorio del intervalo QT, que pueden aumentar el riesgo de muerte súbita en pacientes con predisposición genética o aquellos que toman medicamentos que también alteran el intervalo QT. Tras una crisis, sobre todo generalizada, raramente se puede ver asistolia o taquicardia/fibrilación ventricular.

Los pacientes con epilepsia también pueden presentar arritmias graves relacionadas con enfermedad cardiovascular congénita o con riesgo familiar de enfermedad del corazón, y no con las características de la epilepsia. Pueden tener arterioesclerosis y enfermedad cardiaca isquémica con más frecuencia que la población general, y es posible que algunos fármacos antiepilépticos antiguos contribuyan a este mayor riesgo.

Además hay enfermedades congénitas que pueden producir a la vez crisis epilépticas y arritmias cardiacas, por ejemplo mutaciones genéticas que afectan a canales iónicos localizados en las neuronas y en el corazón y que alteran la actividad eléctrica normal.

Es controvertido si algunos fármacos antiepilépticos pueden contribuir a la aparición de arritmias cardiacas malignas. Parece que algunos pueden prolongar ligeramente el intervalo QT, lo que puede ser peligroso si el paciente toma otros medicamentos con el mismo efecto (algunos antipsicóticos, antidepresivos, antihistamínicos, antimicrobianos). Algunos antiepilépticos, en especial los fármacos bloqueantes de los canales de sodio, prolongan el intervalo PR, que en general es una arritmia benigna y sólo si se complica puede resultar grave.

Otros tratamientos como el estimulador del nervio vago pueden tener un efecto protector, probablemente porque al mejorar el control de crisis disminuye la actividad simpática excitatoria del corazón.

Algunos fármacos antiarrítmicos, sobre todo en caso de sobredosis, pueden producir crisis epilépticas.

En resumen, se debería considerar la función del corazón cuando se elija un fármaco antiepiléptico para un paciente. En pacientes con riesgo, se deberían evitar los fármacos clásicos, ya que pueden producir arritmias y además disminuyen los niveles de los antiarrítmicos, haciéndolos menos eficaces. Algunos fármacos antiepilépticos modernos pueden ocasionalmente alterar el ritmo cardiaco, por lo que se debería vigilar el electrocardiograma y hacer monitorización si es necesario.

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