Epilepsia Barcelona

Tratamos a nuestros pacientes como nos gustaría ser tratados

Registro de crisis, una tarea importante para el paciente con epilepsia y su familia

Es muy importante que los pacientes lleven un registro lo más completo posible de sus crisis, para que pueden transmitir esta información al neurólogo. Saber el número exacto de crisis, sus características y las circunstancias en que han ocurrido pueden ayudar a mejorar el diagnóstico y también el tratamiento de la enfermedad. 

Pero antes de empezar a anotar las crisis, es importante saber qué información puede ser de utilidad: 

 

Las crisis se pueden dividir en 4 fases: 

  • Pródromos: sensaciones o comportamientos que ocurren horas a días antes de la crisis
  • Aura: es realmente el inicio de la crisis. Muchos pacientes la consideran el “aviso” que precede a la crisis. 
  • Periodo ictal: lo que ocurre durante la crisis en sí
  • Periodo postictal: la fase de recuperación después de una crisis. 

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Ejercicio y Epilepsia: Hablamos Poco, Recomendamos Poco

El ejercicio físico, que es un área que habitualmente se discute entre médico y paciente en muchas dolencias físicas, con frecuencia se olvida en la epilepsia. Existen pocos estudios que se hayan centrado en el ejercicio en pacientes con crisis epilépticas. Además, algunas cosas que a veces ocurren asociadas a la epilepsia, como la sobreprotección por parte de la famila, el aislamiento social, la ansiedad, la depresión y la baja autoestima son barreras al ejercicio. 

Aunque existen algunos pacientes que pueden tener crisis puramente provocadas por el ejercicio físico, son pocos (menos de un 10%). En general, la mayoría de los pacientes no suelen tener crisis durante o después del ejercicio, aunque puede ocurrir. Y un grupo de pacientes considera que les es beneficioso, disminuyendo la frecuencia de crisis. 

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Epilepsia postraumática: una complicación de los traumatismos craneales graves. ¿Se puede prevenir?

Los traumatismos craneales pueden acompañarse de diferentes secuelas dependiendo de su tipo, gravedad, y de la localización de las estructuras dañadas. Algunas de estas secuelas son: trastornos afectivos (por ejemplo depresión), ansiedad, trastornos de personalidad, agresividad, cambios cognitivos, dolor crónico, problemas con el sueño, alteraciones motoras o sensitivas, disfunción endocrina, del sistema digestivo, infecciones, problemas respiratorios, parkinsonismo o epilepsia postraumática, en diferentes combinaciones. 

La frecuencia con que aparece la epilepsia postraumática depende del tipo de traumatismo y de su gravedad. En un estudio poblacional bien realizado, se vio que en 5 años tras el traumatismo pueden desarrollar epilepsia el 0.5% de pacientes con traumatimos leves (sin pérdida de conocimiento o amnesia postraumática de menos de 30 minutos de duración, sin fractura de cráneo), el 1.2% de aquellos con traumas moderados (pérdida de conocimiento o amnesia postraumática de 30 minutos a 24 horas de duración, o con fractura craneal), y el 10% de aquellos con traumas graves (contusión cerebral, hemorragia, pérdida de conocimiento o amnesia postraumática de más de 24 horas). En otras series, sin embargo, la frecuencia de epilepsia postraumática llega hasta el 30%, siendo especialmente elevada en las heridas de combate, que suelen producir daño cerebral difuso. Aunque la mayoría de casos de epilepsia postraumática aparecen en el primer año después del traumatismo, pueden hacerlo mucho más tarde, hasta los 10 años, e incluso hasta los 20 en el caso de traumas graves.

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Terapias alternativas para Epilepsia: ¿Hay algo de verdad?

Me gustaría revisar algunos datos sobre la eficacia de algunas técnicas “alternativas” (yo las llamaría mejor “complementarias”) que pueden ayudar a los pacientes a controlar mejor sus crisis. 

La inmensa mayoría de pacientes con epilepsia (un 70%) se quedan sin crisis con fármacos antiepilépticos. 

Sin embargo, hay pacientes que a pesar de las medicinas siguen teniendo crisis.

Otros, al darles dosis altas, experimentan efectos secundarios inaceptables. En ellos se han utilizado ciertas técnicas que pretenden mejorar la frecuencia de crisis y la calidad de vida del paciente. 

Se sabe que una educación global sobre la enfermedad es buena para el paciente y su familia, y puede disminuir la frecuencia o las consecuencias de las crisis: reconocer y evitar los factores desencadenantes, reforzar la necesidad de tomar correctamente las pastillas y aprender a comportarse durante las crisis. 

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