Buscando nuevas opciones para tratar acúmulos de crisis

Como ya he comentado alguna vez en este blog, la situación de urgencia a la que se enfrentan con más frecuencia los pacientes con epilepsia y sus médicos (especialmente si la epilepsia es resistente) son las crisis en acúmulos. El mayor peligro que tienen estos acúmulos es que pueden evolucionar a estatus epilepticus y por eso es necesario tratarlos lo más precozmente posible, idealmente en casa para evitar tener que acudir a urgencias. 

En Estados Unidos está aprobado el diazepam rectal (en España se llama Stesolid®) y en Europa también el midazolam bucal (Buccolam®). Se sigue buscando alternativas que sean más fáciles de usar y más eficaces, a ser posible con menos efectos adversos. 

Recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Detyniecki et al, Epilepsia, Septiembre del 2019) en el que se evaluó una forma diferente de midazolam, administrado por vía nasal, en pacientes con acúmulos o “clusters” de crisis.  Los pacientes fueron asignados a recibir midazolam (174) o placebo (88) cuando tuvieran acúmulos de crisis. Se permitía usar una segunda dosis que siempre tenía 5 mg de midazolam si era necesario.  Lo que se buscaba era que las crisis terminaran en menos de 10 minutos de administrar en medicamento y que no hubiera más crisis en 6 horas. Se vio que esto ocurría en el 53.7% de los pacientes tratados con midazolam y sólo el 34.4% de los pacientes tratados con placebo. Se presentaron nuevas crisis en menos de 6 horas en el 41.8% de los pacientes tratados con midazolam y en el 62.7% de los tratados con placebo. 

De forma que el estudio ha demostrado que el midazolam intranasal es más efectivo que el placebo para terminar los acúmulos de crisis. Sin embargo todavía no sabemos si es más eficaz que otras benzodiacepinas que ya están en el mercado. No existen por ahora muchos estudios comparativos y los que hay muestran en su mayoría resultados parecidos. 

El midazolam tiene como ventaja un tiempo corto hasta su acción (menos de 10 minutos). Un problema potencial es que su vida media de eliminación es corta (1.5-6 horas). Pero eso puede no ser tan relevante si lo que pretendemos es eliminar a corto plazo el riesgo de evolución a estatus epilepticus.

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