Diagnosticando y tratando crisis no epilépticas

Aunque hay muchas enfermedades que se pueden confundir con la epilepsia, las que encontramos con más frecuencia en la consulta son los síncopes (pérdidas de conocimiento debidas a riego sanguíneo cerebral insuficiente, en general por problemas cardiacos o de regulación de la presión arterial) y las crisis no epilépticas. En estas crisis se producen síntomas (movimientos o sensaciones anormales, falta de respuesta, detención de la actividad, caídas…) que no se deben a descargas eléctricas cerebrales anormales y por lo tanto no son epilépticos. La causa es un conflicto psicológico y por eso se denominan también crisis psicógenas. 

En las crisis psicógenas el paciente no es consciente del conflicto que origina sus síntomas y no puede controlarlos. Para el paciente que las sufre y su familia son muy limitantes y son una causa frecuente de visitas repetidas a urgencias. 

El diagnóstico no es sencillo. Entre el 20-30% de los pacientes que acuden a unidades especializadas de epilepsia tienen en realidad crisis psicógenas, y muchos han sido tratados como epilépticos durante años, recibiendo fármacos que no les ayudan y que pueden tener efectos secundarios indeseables. 

Estimulación trigeminal para epilepsia

Recientemente se ha aprobado en Europa la estimulación del nervio trigémino para tratar la epilepsia que no responde a fármacos.

Con esta técnica, igual que con otros métodos de neuroestimulación, se pretende modular a la baja la actividad eléctrica cerebral, que en pacientes con epilepsia es excesiva.

El nervio trigémino lleva información hacia estructuras muy importantes del cerebro, incluyendo el núcleo del tracto solitario, el nucleus coeruleus, el nervio vago y la corteza cerebral. Se sabe que estas zonas tienen un papel muy importante en la iniciación e inhibición de crisis. El nervio trigémino también manda señales específicamente a la corteza cingulada anterior, que interviene en el estado de ánimo, atención y toma de decisiones. 

Nuevos fármacos antiepilépticos: nuevos mecanismos de acción, nuevas esperanzas

Durante los últimos años hemos visto aumentar de forma muy importante el número de fármacos disponibles para tratar la epilepsia. 

La mayoría de los fármacos antiepilépticos “tradicionales” (por ejemplo la fenitoína o la carbamazepina) actúan principalmente bloqueando unos canales de membrana celular que se denominan canales de sodio. Estos canales permiten que entre rápidamente el sodio en el interior de la célula, volviéndose más excitable y pudiendo generar los llamados potenciales de acción repetitivos, que son la base de la actividad eléctrica anormal  que se ve en pacientes con epilepsia. Los bloqueantes cierran los canales de sodio y hacen que las neuronas sean menos excitables, permaneciendo más tiempo en reposo.