Epilepsia Barcelona

Tratamos a nuestros pacientes como nos gustaría ser tratados

¿Cuántos pacientes responden al tratamiento antiepiléptico?

Aproximadamente un 70% de los pacientes se van a controlar con fármacos antiepilépticos.  

La desaparición de las crisis con el primer fármaco utilizado es un signo de buen pronóstico, aunque muchos pacientes responden al segundo fármaco o a una combinación de dos.

Incluso después de haber fallado varios fármacos, algunos pacientes se quedan sin crisis tras probar algún fármaco nuevo, por lo que conviene no perder la esperanza y ponerse en manos del epileptólogo para seguir intentándolo.

¿Pueden los fármacos antiepilépticos tener efectos beneficiosos?

El primer efecto beneficioso de los antiepilépticos es controlar las crisis epilépticas, reduciendo la excitabilidad neuronal que está aumentada en los pacientes.  

Algunos fármacos pueden tener también otros efectos positivos, útiles en algunos pacientes; por ejemplo la lamotrigina, el ácido valproico, la carbamazepina, la oxcarbacepina y la eslicarbazepina pueden estabilizar el estado de ánimo, y el topiramato puede disminuir la frecuencia de cefalea en pacientes que tengan migraña y epilepsia

¿Qué hay que considerar a la hora de escoger un fármaco antiepiléptico?

Actualmente hay un gran número de fármacos en el mercado para tratar la epilepsia.

La elección debe basarse en el tipo de epilepsia, tipo de crisis y circunstancias del paciente (edad, sexo, deseo de embarazo en el caso de las mujeres, otras enfermedades que tenga el paciente además de la epilepsia y circunstancias sociales y laborales).

El epileptólogo es la persona más adecuada para realizar esa elección, pero es conveniente que el paciente también participe activamente. 

¿Cuáles son los efectos secundarios de los fármacos antiepilépticos?

Muchos pacientes expresan su temor de experimentar efectos adversos intolerables con la medicación antiepiléptica. Hay que decir que, en general, los nuevos fármacos se toleran mucho mejor que los antiguos y se asocian a menos efectos adversos a corto y a largo plazo, por lo que la mayoría de pacientes tratados pueden llevar una vida normal. 

Los efectos secundarios más frecuentes se derivan de la acción sobre el sistema nervioso: somnolencia, fatiga, cierta sensación de mareo, cefalea…Si se va aumentando la dosis poco a poco en general estos efectos son leves y además el paciente se acostumbra con el tiempo.  

Efectos adversos graves, por ejemplo hepatitis, pancreatitis, disminución de los recuentos sanguíneos o alergias graves pueden verse asociados a algunos fármacos (sobre todo antiguos), pero son poco frecuentes.  Otros efectos metabólicos (por ejemplo osteoporosis, que se ve asociada sobre todo a la utilización de fármacos inductores hepáticos) se suelen ver durante tratamientos crónicos a largo plazo. 

Hay otros fármacos que pueden producir lentificación psicomotora (mayor lentitud del pensamiento y de reacción, dificultad para encontrar las palabras).  

Por eso se prefiere no utilizar estos fármacos, sobre todo en niños escolarizados y en personas mayores que ya puedan tener problemas de memoria. 

Algunos fármacos también pueden producir alteraciones del estado de ánimo o de la conducta. Es preferible evitarlos en pacientes que tengan una historia psiquiátrica previa. 

Un efecto adverso grave de algunos antiepilépticos es la teratogenicidad, o capacidad de producir malformaciones fetales si se toman durante el embarazo. El riesgo es mayor con algunos fármacos antiguos como el ácido valproico y depende también de la dosis utilizada. Muchos fármacos más nuevos son seguros en el embarazo y también se pueden tomar durante la lactancia. 

El epileptólogo conoce todos estos efectos secundarios, elegirá aquel con un perfil de seguridad más adecuado al paciente y le informará de todos los problemas que puedan surgir durante el tratamiento. 

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Además recientemetne se han conocido datos del registro europeo de embarazos y fármacos antiepilépticos (EURAP) que muestran como fármacos más seguros desde el punto de vista de las malformaciones a la lamotrigina y el levetiracetam y confirman el riesgo más elevado del ácido valproico, seguido de la fenitoína y el fenobarbital.

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