QUE SON Y COMO SE UTILIZAN LAS MEDICINAS DE RESCATE EN EPILEPSIA

Como su nombre indica, se trata de medicinas que se administran sólo en situaciones específicas. Su finalidad es parar rápidamente las crisis para evitar que se produzca una situación de emergencia (generalmente un estatus epileptico). Si se utilizan bien y son efectivas, pueden hacer que el paciente no necesite ir a urgencias. Si no consiguen parar las crisis, el paciente tendrá que ir al hospital ya que las crisis que no ceden o que se producen muy seguidas unas de otras son una emergencia vital. Las medicinas de rescate no sustituyen a los tratamientos antiepilépticos habituales, que tendrán que seguir utilizándose de forma regular. Se utilizan además de ellos.

Otra forma de “tratamiento de rescate” puede ser pasar el imán en aquellos pacientes que llevan puesto un estimulador del nervio vago, porque a veces las crisis se detienen.

Las medicinas de rescate más utilizadas pertenecen a la familia de las benzodiacepinas. Dependiendo de cuál sea, se pueden colocar debajo de la lengua, entre los dientes y la mejilla para que se absorban por la mucosa bucal, por vía rectal, por vía nasal y por vía oral (tragadas).

El tipo de medicina de rescate y la forma en que está disponible varían en los diferentes países.

En España tenemos disponible diazepam rectal (StesolidÒ) y midazolam bucal (BuccolamÒ). Estos dos son los que actúan más rápidamente.

También se puede utilizar lorazepam (OrfidalÒ), clobazam (NoiafrenÒ), clonacepam (RivotrilÒ) o diazepam por vía oral. En Estados Unidos también existe el midazolam en un spray nasal pero aquí no lo tenemos todavía.

La dosis y el momento concreto en que aplicar un tratamiento de rescate deben ser individualizados para cada paciente. Algunas situaciones en los que estas medicinas se pueden usar son:

  • Crisis más largas de lo habitual (por ejemplo más de 3-5 minutos en una convulsión generalizada)
  • Crisis repetidas con más frecuencia de lo habitual, especialmente si el paciente no se recupera bien entre una y otra.

Los efectos secundarios más frecuentes incluyen somnolencia y, si se utiliza una dosis mayor de lo recomendada, depresión respiratoria. Por eso hay que seguir siempre las instrucciones del neurólogo, que tendrá en cuenta el tipo de crisis del paciente y sus otras enfermedades.

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